miércoles, 3 de septiembre de 2014

Recuerdo que dolía, mirarte dolía.

Dicen que cuando una persona es jodida por otra, ésta nunca vuelve a ser la misma. Siempre hay una parte de ella que la abandona, pero mejor eso a que muera ¿no? El problema es que se va con la persona que la jodió, la persona que acto seguido desapareció de su vida y la abandonó.
Supongo que esa pequeña parte se acostumbra a querer y a sentir como la persona con la que está, esa persona que en su día nos falló, queriendo o no. Y llega el día en el que te preguntas por qué lo hizo, por qué para seguir adelante necesitó hacerte daño. Pero no lo entiendes.

Y llega la noche. Todo el mundo sabe que por la noche las cosas se ven más claras, que por la noche se piensa y reflexiona más, que si queremos conocer a alguien de verdad, solo tenemos que hablar con esa persona a las 3 o 4 A.M y quizás la conoceremos mejor que cualquier otra de su entorno que nunca lo haya hecho. Y una noche cualquiera empiezas a comprender por qué lo necesitó, qué le llevó a hacerlo. Y es entonces cuando te das cuenta de que esa parte de ti nunca se fue, que sigue aquí, pero no formando parte de ti, sino de la persona con la que creíste que se marchó. Es entonces, cuando sientes que duele, que el comprender por qué lo hizo, te está matando. 

domingo, 23 de marzo de 2014

La verdad está ahí, entre cientos de mentiras.


Sal a la calle, levanta la mirada y busca al sol con ella. ¿Lo tienes? Levanta el dedo pulgar de alguna de tus manos e intenta taparlo. ¿Qué ocurre?
¿De qué nos sirve decir una pequeña mentira cuando sabemos que la verdad hará mucho daño? ‘No se enterará, además, tampoco tiene demasiada importancia’ Cuando mentimos y nadie se percata de la verdad, la mentira se va haciendo más y más grande y quizás lo que al principio era un grano de arena, hoy es un desierto y las consecuencias de que esa mentira salga a la luz son desmesuradas. ¿El verdadero problema? Que ya es tarde para hacer las cosas bien, muy tarde.
Antes viste que algo tan sumamente grande no se tapa con un dedo. Y entonces, ¿cómo puedo tapar el sol si no es con un solo dedo? Te quedan 9 más, podrías usarlos. Le quitarían importancia al que utilizaste al principio, pero siempre estará ahí, ayudando junto con los demás.
Y una gran mentira, ¿con qué se cubre? Con más mentiras. Es un bucle infinito. Hasta que la propia verdad te estalle en la cara. ¿Qué harás entonces? Solo te quedará pedir perdón y esperar a que algún día esa pequeña mentira y el recuerdo que dejaste por haberla mencionado desaparezcan. Pongamos ‘perdón’ en lugar de ‘dedo’ y recuerda; algo tan sumamente grande no desaparece con un simple dedo.


sábado, 8 de marzo de 2014

Dicen que cuando pasa uno de los pocos trenes que pasan en la vida...


debes subirte a él sin tener en cuenta el lugar o la fecha. Que da igual si llueve, nieva o hace sol, eso no importará, dentro de él te sentirás protegida de todo lo que pueda pasar fuera.
Pero ¿y si el maquinista de ese tren no sabe dónde quiere ir? Solo quiere que tú estés dentro, lo demás no le importa. ¿Qué valiosa te debes de sentir en ese momento, no? Van pasando las paradas, pero a él no le importa si hay alguien esperando, pasa por allí porque es su cometido, aunque ni se detiene.
Lo único que le preocupa es que tú estés presente en su tren. Te sientes protegida, ¿pero merece la pena no poder salir? Dentro no te ocurre nada perjudicial, pero tampoco nada que se salga de lo normal, de lo que acabas aborreciendo. Los vagones poco a poco se van deteriorando, incluso cuando hay fuertes ventiscas se llegan a desprender del resto del tren. Ahora en él ya no estás tan protegida, de hecho, es invierno, y no hay día en el que no te tengas que preocupar sobre si lloverá o nevará. ¿Recordáis lo que dije al principio? ‘Que da igual si llueve, nieva o hace sol...’ ¿Dónde queda ahora eso? Supongo que en el mismo lugar donde queda el ‘...sin tener en cuenta el lugar o la fecha’ porque los días van pasando, y solo puedes sacar cosas perjudiciales de tu estancia en ese tren.
Ahí es cuando te das cuenta de que debes bajar, dar las gracias por el viaje, sí, pero disculparte por no poder permanecer allí, por no poder o querer seguir pasándolo mal solo para satisfacer a alguien, en este caso, el maquinista del que en algún lugar y en algún momento, fue tu tren.

Sieeeempre.

Sieeeempre.

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