miércoles, 3 de septiembre de 2014

Recuerdo que dolía, mirarte dolía.

Dicen que cuando una persona es jodida por otra, ésta nunca vuelve a ser la misma. Siempre hay una parte de ella que la abandona, pero mejor eso a que muera ¿no? El problema es que se va con la persona que la jodió, la persona que acto seguido desapareció de su vida y la abandonó.
Supongo que esa pequeña parte se acostumbra a querer y a sentir como la persona con la que está, esa persona que en su día nos falló, queriendo o no. Y llega el día en el que te preguntas por qué lo hizo, por qué para seguir adelante necesitó hacerte daño. Pero no lo entiendes.

Y llega la noche. Todo el mundo sabe que por la noche las cosas se ven más claras, que por la noche se piensa y reflexiona más, que si queremos conocer a alguien de verdad, solo tenemos que hablar con esa persona a las 3 o 4 A.M y quizás la conoceremos mejor que cualquier otra de su entorno que nunca lo haya hecho. Y una noche cualquiera empiezas a comprender por qué lo necesitó, qué le llevó a hacerlo. Y es entonces cuando te das cuenta de que esa parte de ti nunca se fue, que sigue aquí, pero no formando parte de ti, sino de la persona con la que creíste que se marchó. Es entonces, cuando sientes que duele, que el comprender por qué lo hizo, te está matando. 

Sieeeempre.

Sieeeempre.

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