miércoles, 15 de julio de 2015

Cuestión de saber elegir.

Nos prometemos no volver a caer en ese pozo sin fondo del que un día deseamos salir. Nos prometemos que nunca más permitiremos que ese bucle infinito de ruina, dolor, infamia y daño  dominaría más en nosotros. Que ese estropicio sería el último que verían nuestros ojos. Entonces, cuando decides que solo vivirás el presente y que el futuro ya no será motivo de tus decisiones, aparecen unos ojos que te miran como hacía mucho tiempo no te miraban. Y los tuyos se fijan en que lo único que esos buscan es un lugar donde habitar, donde quedarse a descansar, a vivir, a soñar... Que quieren que ni en pleno invierno, ni en pleno Abril donde aguas mil, sean empañados por lágrimas debidas a aquel espantoso bucle. Pero que fallan. Que hacen que al final sean como lagos, exquisitos lagos que poseen toneladas de algo que, quizás sean lágrimas que provienen de ese desastre llamado amor. ¿Y qué más da? No podemos huir del dolor, pero podemos decidir quién puede llenarnos los ojos de lamento. La única persona a la que se debe permitir hacernos daño, es aquella que después de dañarnos se quede a sufrir con nosotros, y no se marche.

sábado, 2 de mayo de 2015

Todo presente depende del pasado.

Y llega el día en el que te propones cambiar tu forma de pensar, y decides que nunca más, nada ni nadie del pasado volverá a influir en las decisiones que tomes en el presente. Y vives tomando decisiones sin tener en cuenta todo pasado que te hizo daño y todo futuro que te hará crecer como persona. Y miras hacia delante, siempre hacia delante. Como si no te importara lo que hubiera al rededor. Actúas mirando al frente, aunque el frente no tenga la respuesta a tus preguntas, aunque sea solo una dirección más y seas consciente de ello. Y ahí es cuando pierdes, y cuando te pierdes el poder disfrutar de lo que hay a tu lado. De esas personas que, a día de hoy, son lo mejor que te ha podido pasar en la vida. Y te das cuenta de que sí, girarte y percatarte de cómo lo pasaste en el pasado duele, pero que a veces, para disfrutar de este presente, del frente, debes mirar a los lados, a quien realmente está a tu lado, al pasado.


sábado, 31 de enero de 2015

¿Eliges vivir la vida o simplemente pasar por ella?

¿Conocéis la sensación de no poder responder a una pregunta que cuestiona qué sentiríais en una situación exacta, tan solo porque sentirías una mezcla de sentimientos tanto agradables como infames, que no sabríais unir en una simple respuesta?
A eso se le llama montaña rusa de sensaciones.  Imaginad pues, que vuestra vida, vuestro día a día, está fundamentado justamente en dicha montaña. Que os levantáis  pensando que tenéis la capacidad suficiente de comeros el mundo, pero que pasadas unas horas sentís cómo el mundo os devora a vosotros, y cómo él lo disfruta. ¿Qué es mejor, estar apenado pero saber que queda poco para volver a subir, para volver a ser feliz, o que realmente te encuentres en la cima, pero seas consciente de que en segundos caerás empicado? No sabría responder sinceramente a esta pregunta, pero estoy segura de que no estoy cumpliendo la finalidad de subir a una montaña rusa, el pasarlo bien.
Nadie se monta en una para pasarlo mal, y todo el mundo sabe cuándo toca caer y cuándo toca subir, pero una vez que montas en ella, da igual que lo sepas porque no puedes bajar, no puedes pararla, no puedes hacer nada para evitar tu futuro; a no ser que te rindas antes de tiempo, que ni intentes subirte a ella, que no seas capaz de montar y soportar lo que conlleva subir, que antepongas la neutralidad y la soledad a sentir. Que dejes de vivir, por tenerle miedo a la vida.

Sieeeempre.

Sieeeempre.

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